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Sat, Oct

Conveniencia de Políticos

Opinion
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La política no es un comercio, no es un arte, no es una filosofía, es una ciencia, es un estado psicopatológico en la psiquis emocional del ser humano la que es transmitida al subconsciente de la masa compuesta por una sociedad acéfala desorientada que no componen un pensamiento una idea dentro de su psiquis mental, pero el humano puede desarrollar cualquier acción revolucionaria, la que debe ser razonablemente pensada, porque todo movimiento de cambio tiene que ser basados sobre un pensamiento ideológico político que este dentro de un idea definida psicosocial de sus necesidades consientes y aceptables a su transformación social, económicas, políticas y psicológicas que modifiquen ese estado de cosa donde subyacen estos problemas de inseguridad social de una psiconeurosis que vienen arrastrando estos pueblos desde su mismo origen de su formación.

Podemos muy bien hacerles un juicio psicológico sobre la acción a los llamados líderes políticos de los partidos no del pueblo, que son siempre demasiados simplista y/o no son convencional. Es indudable que existe en ellos una elemental astucia que comprende en sí misma una actitud embrionalmente maliciosa. Pero es por lo tanto igualmente convencidos de la realidad de sus poderes, lo que hace a ellos, al mismo tiempo, unos indiferentes a las calamidades que viven estas sociedades hoy.

Para el hombre primitivo ante de convertirse en una sociedad política organizada en su psiquis de sobrevivencia, la violencia constituía una dura necesidad para sobrevivir, en primer término usada casi sin límites, más tarde, siempre más contenida por vínculos limitados paralelamente al desarrollo de una dignidad humana y de una autoconciencia moral. A pesar de la actual madurez civil, la mente del hombre conserva huellas indenegables de una agresividad casi infinita, que resale a sus más antiguos progenitores y vestigios todavía vivos de las luchas sangrientas individuales y colectivas, afectadas por sus antepasados menos remotos. Es por lo tanto suficiente un desequilibrio psíquico, un conflicto, con el normal ambiente de vida, una situación intensamente sufrida, una despiadada competencia social o económica, para ocasionar la desaparición o la atenuación de los frenos inhibitorios actuales y el regreso a ancestrales explosiones de agresividad.

Podemos muy bien señalar que la burguesía política son todavía relativamente inmunes de este proceso de desintegración, pero existen desafortunadamente algunos indicios premonitorios que hacen prever un no lejano propagarse, también en este sector de la sociedad, de la decadencia moral en una política degenerativa. La sugestión de las amistades, los complejos de inferioridad procurados en las siempre más fáciles comparaciones y la inevitable lucha competitiva que ello resulta, constituye el claroscuro sustrato psicológico de estas lentas transformaciones sociales, por la que vienen luchando estos pueblos, por su liberación económica y política social. Pues no podemos pasar por alto las ambiciones psicoemotiva de los individuos en los cuales la sed de lucro, la sed de poder son las razones que lo lanzan a participar en la política como un medio de obtener poder y fortuna, porque utilizan la política como un medio lucrativo para beneficio y conveniencia propia de políticos.