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Sun, Sep

LA ALERTA DEL PETROLEO

Opinion
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Desde semanas antes se percibían señales de repunte en los precios del petróleo.  Sobre el mismo y sus posibles efectos adversos en el crecimiento de la economía, dejó constancia de alerta la comisión técnica evaluadora del Fondo Monetario Internacional, durante su última visita, en un amplio comunicado que vio la luz pública en todos los medios de prensa donde ofreció el resultado de su análisis.

Esa tendencia alcista cobró fuerza debido a la reciente decisión del Presidente Donald Trump de romper el tratado de no proliferación nuclear suscrito con Irán, bajo el mandato de su antecesor Barak Obama, la revocación de varias de cuyas más importantes decisiones parecen ocupar sitio de prioridad en la agenda del actual ocupante de la Casa Blanca.

Tal la apertura hacia el régimen castrista en Cuba, cuya puerta Trump no ha cerrado del todo pero la ha dejado entornada, y sus menos afortunados intentos de derogar el Obama Care y del especial status migratorio que ampara a los llamados “dreamers”.

No bien se anunció la retirada de Estados Unidos del pacto, a disgusto de Gran Bretaña, Francia y Alemania, sus principales aliados europeos que han decidido mantener el mismo, el mercado del petróleo se disparó al alza con precios que sobrepasaron los setenta y siete dólares el barril.

Los efectos del incremento no han hecho esperar sobre las finanzas públicas. El gobierno ha tenido reajustar sus estimaciones sobre el precio  promedio del barril de petróleo referencial, llevándolo a US$60.3 dólares.  Este valor es un 24 por ciento superior a la cifra considerada originalmente, es decir un precio once dólares setenta centavos mayor. 

Un estudio llevado a cabo por especialistas de la Universidad Tecnológica (INTEC), señala que por cada diez dólares de aumento, el país tendrá que desembolsar 700 millones de dólares adicionales.  Es una cifra muy significativa que pudiera multiplicarse de seguirse alentando la cotización del crudo. 

Esto, salvo otro plan PETROCARIBE de casi imposible resurrección dadas las precarias condiciones de Venezuela y el desplome de su producción petrolera, hoy reducida a poco más de un millón 250 mil barriles diarios,  obligará al gobierno hacer recortes muy significativos en su presupuesto de gastos.

Se verá afectada la balanza comercial ya grandemente deficitaria, tendremos nuevas alzas inevitables en los precios de la gasolina y demás combustibles, una factura de luz más cara al igual que el transporte, incrementados los sobre-costos que soportan la industria y demás sectores productivos con sus niveles de competitividad aun más reducidos  y  aumentos generales en el costo de la vida. 

¿Qué podemos hacer frente a una situación que escapa totalmente de nuestras manos?  Sin entrar en pánico, tenemos que colocarnos en alerta.   Se nos ocurre que por lo pronto, sin ser  la nuestra  opinión no calificada ni mucho menos, que  de una u otra forma el gobierno tendrá que tomar medidas para reducir el consumo de combustibles fósiles, comenzando por las propias instancias públicas.  Mientras otros países, aún sin estar en situación de emergencia, mantienen programas y disposiciones en ese sentido, aquí hemos hecho del consumo creciente de los mismos un permanente festín como si fuésemos una nación productora del crudo o  desarrollada del primer mundo.

Lo otro es seguir fomentando en forma cada vez más acelerada el mercado de las energías alternativas, donde el país ha hecho algunos importantes progresos en los últimos tiempos, a través de proyectos públicos y privados basados en energía eólica y solar, gas natural y en menor medida, pequeñas presas y bio-masa.  Pero es preciso agilizar el proceso ofreciendo mayores incentivos a los inversionistas y facilitando el otorgamiento de los permisos, sometidos en algunos casos a un largo y fatigoso trámite burocrático. 

Y por no perder la costumbre, volver la mirada, la súplica y la esperanza hacia el Santuario de La Altagracia, invocando como tantas veces la intercesión de la Patrona para que nos ayude a superar este nuevo reto que sin duda constituye una más que molestosa piedra en el zapato de nuestra economía.

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