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UNA JUSTICIA NO SELECTIVA

Opinion
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En días pasados, el destacado y apreciado colega periodista Vianco Martínez, solicitó nuestra firma en un documento de apoyo a la también colega periodista Deyanira López.  Se trata de la reportera que cubriendo una información en el Palacio de Justicia de Santiago, fue víctima de una injustificada y brutal agresión por parte de los familiares de un individuo, sometido bajo el cargo de haber dado muerte a su padre, a quien trataba de entrevistar en uso de legítima y justificada función de informadora pública. 

Deyanira fue rudamente golpeada a consecuencia de lo cual tuvo que ser hospitalizada durante varios días, y posteriormente,  seguir un proceso de recuperación ambulatorio.  Entre los agresores, figuró la madre del acusado, toda una profesional médico, quien se dio a la fuga y no se presentó ante las autoridades hasta varios días después.  Pese a ello, fue despachada sin más requerimientos que la famosa y tantas veces burlada, presentación periódica e impedimento de salida del país.

Fue como respuesta a ese hecho incivil, del cual dejó constancia la toma del camarógrafo que acompañaba a la colega agredida, que Vianco recolectó firmas de periodistas como acto de protesta,  solidaridad y desagravio a Deyanira.  El documento, para cuya lectura se trasladó a Santiago, calzó cientos de firmas, incluyendo la nuestra.

Pero Vianco fue mucho más allá al convertir el pronunciamiento en un justificado reclamo de sanción ejemplar para los responsables de este hecho civil, que lamentablemente no es el único ni aislado.  A ese fin, recuerda la agresión a la también reportera Indira Vásquez, la cual fue pateada en una cuneta y al reportero gráfico José Manuel Cruz, un hecho que data del 26 de mayo del pasado 2017, es decir, ya más de un año, el cual permanece sin sanción. Del mismo figura como acusado el empresario arenero Pedro Juan Reyes, quien es además contratista del Estado.

En más de una ocasión, hemos señalado que el periodismo es una de las profesiones de mayor peligro. Los hechos nos avalan. Decenas de periodistas han perdido la vida en lo que va de la presente década en forma violenta y en el desempeño de su labor informativa.  Desde víctimas de torturas y  asesinatos, por lo general como consecuencia de reportajes poniendo al desnudo el narcotráfico, el crimen organizado y actos de corrupción, hasta aquellos otros que han perdido la vida en reportajes de acciones de guerra o de situaciones de alto riesgo.

Por suerte no es nuestro caso.  Salvo la muerte violenta en últimos años de dos periodistas cuyos autores fueron sometidos a la Justicia y sancionados,  no hemos llegado a ese punto.  Y esperemos que nunca ocurra.  Pero eso no disminuye la preocupación por agresiones como las sufridas por Deyanira, Indira y José Manuel, cuyos responsables no deben escapar indemnes. 

De eso se trata.  De que no haya impunidad.   Y no solo en el caso de los periodistas, cuya condición en modo alguno nos convierte en seres especiales, sino en el de cualquier ciudadano sin importar su importar su condición social, militancia política ni credo religioso.

Bien ha hecho, Vianco Martínez por tanto, al convertir el acto de solidaridad con Indira, en un reclamo de justicia no selectiva. Para todos los casos y para todos los agraviados.

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