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La mancha del sexismo en el Mundial de Fútbol

Opinion
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Se estima que 1,5 millones de personas estarán viajando para la vigésima primera edición de la Copa Mundial de la Federación Internacional de Fútbol “FIFA Rusia 2018”.

El torneo dejará su huella histórica. Dada la división geográfica, por primera vez el encuentro tiene lugar en dos continentes, Europa y Asia. También será la Copa más costosa hasta la fecha, con montos que ascienden a los USD$10,800 millones en gastos de estadios, hoteles y remodelaciones, y además es pionera en utilizar la herramienta de Asistente de Video para Árbitros (VAR).

Captar la atención de 3 mil millones de telespectadores y cerca de unos 280 millones de usuarios siguiendo los marcadores en línea o a través de un dispositivo móvil alrededor del mundo, es un gran acontecimiento. Es comprensible.

FotoSin embargo, dejando a un lado la opulenta inversión financiera, las emociones generadas, los USD$38 millones que se embolsará el equipo ganador y el orgullo nacionalista que se llevarán consigo los competidores, cuan refrescante es imaginar que todo este ruido trasciende la fiebre y esconde el potencial de inspirar impactos a nivel social.

Para muchos pasó desapercibido que como consecuencia de la revolución de 1979, Irán prohibía a las mujeres iraníes entrar al estadio Azadi de Teherán y, luego de 39 años, les dieron acceso de forma legal para una transmisión en vivo del juego de su país contra España.

Luego de semejante gol para los derechos humanos, parece insólito que en el marco del mismo evento ocurran hechos de asalto y agresión sexual.

Tal fue el caso de la periodista brasileña de TV Globo y Sport V, Júlia Guimarães, quien mientras reportaba desde Ekaterimburgo, un fanático se le arrojó para besarla en la mejilla durante una emisión televisada.

Valientemente, esta se detuvo y reprendió al hombre diciendo: "Nunca hagas esto a una mujer, ¿vale? Respeta”, este se alejó rápidamente.

Guimarães expresó que asimismo fue hostigada en el partido inaugural entre Rusia y Egipto en Moscú, con insinuaciones que iban desde miradas agresivas a canciones ofensivas.

El incidente sucedió justo una semana después de que la reportera colombiana Julieth González Therán fuera embestida al informar desde la ciudad de Saransk para el canal de noticias en español de la cadena alemana Deutsche Welle. Un aficionado le agarró el pecho y la besó en la mejilla cuando estaba al aire.

González Therán luego comentó: “No merecemos dicho trato. Somos igualmente profesionales y dignas. Comparto la alegría del fútbol, pero debemos identificar los límites entre el afecto y el acoso”, y concluyó pidiendo más respeto para las periodistas.

No debería ser una proeza heroica o un riesgo a la integridad el que una corresponsal deportiva cubra con decoro un torneo masculino sin sentirse vulnerable al colectivo de admiradores y colegas, ya que nadie, bajo ningún contexto, puede asumir que tiene el derecho de transgredir y violentar a otro individuo.

Por aquellas que han dejado un legado, por mis amigas colegas y la generación por venir, yo también exijo respeto para las periodistas.